martes, 4 de mayo de 2010

Bittersweet


Las finas frías gotas de lluvia eran proyectadas por un viento suave. Su fresco y purificador impacto, gota tras gota, en mi rostro me hizo revivir por un momento. Levanté la cabeza levemente, y cerré los ojos, para que toda la piel de mi cara me hiciera sentir esa sensación de vida que parecía inundarme.

Abrí la boca para que esa vida entrara dentro de mí. Algunas gotas de agua fría conseguían entrar, otras se quedaban en los labios recordándome sus besos. No era suficiente. Seguía muerto por dentro. Pensé que a lo mejor un diluvio podría hacerme revivir. Pero aún así sería inalcanzable que llenase el agujero negro de su ausencia. Volví al letargo, a la espera de que su voz me despierte, y me dirigí taciturno al supermercado.

...ing, ....ing, ...ing

sábado, 1 de mayo de 2010

Caravan of Love



Me iba acercando a la cocina, y podía escucharte canturreando desde el pasillo. Antes de entrar, ya podía incluso verte en mi mente untando unas tostadas con mantequilla y mermelada. Las pasadas del cuchillo por las tostadas acompasaban tu dulce voz. Entraba a la cocina me sonreías y te daba un beso en la frente. Y me unía a nuestro ritual del desayuno.

Cuál vieja visita inesperada, que toca al timbre incesantemente, vino a mí un pensamiento lejano de hace tiempo. Mientras seguía observándote, ahora con una taza que dirigías a tu boca. Hacia tiempo que no me visitaba ese viejo pensamiento. Me molestaba. Había conseguido dejarlo olvidado en un rincón con otros poco útiles como simular una fuente vertiendo chorros, incluso tres a la vez, de agua con la boca y hacer figurillas con ellos.

Recordaba que en el colegio y en el instituto pasábamos cierto tiempo juntos. Nos divertíamos, hacíamos planes juntos. Siempre tuve la sensación durante esos años de juventud que disfrutábamos de la compañía del uno del otro. Nunca pensé que ir a universidades en diferentes ciudades nos separase tanto, después de todo estábamos a una cierta distancia al vivir en pueblos distintos.

En ese capítulo de la vida, me había comprado una caravana para hacer viajecitos durante las vacaciones en la universidad. No era gran cosa, pero le cogí cariño, me llevó a multitud lugares y destinos que me marcaron por diversas razones (la gente que conocí, los paisajes, las calles y los edificios, la comida).

Te había invitado varias veces a acompañarme a algún viaje. Una y otra vez, decías que no, sin explicaciones, ni siquiera explicaciones poco convincentes. Siempre después de tus negativas, me quedaba en silencio pensando el porqué no te apetecía verme y disfrutar de un tiempo juntos. ¿En realidad nunca te había caído bien?¿Disimulabas pasarlo bien?¿Hubo amistad?¿Te serví solamente para rellenar tiempo?. Y seguían las preguntas, a las cuales nunca encontraba una respuesta única, ni siquiera con sentido. Soñaba con que un día me aparecieran como tarjetas del trivial. No hubo suerte.

Simplemente, dijiste que si, a una de mis propuestas de viaje. ¿Aceptaste por que había instalado Wi-Fi en la caravana? Tampoco obtuve respuesta.

Salí de mi bucle de viejas dudas aún sin respuesta desde entonces. Y deje mi ensimismamiento al mirar por la ventana. Los columpios en movimiento levantando las hojas caídas a su paso. No necesitaba respuestas ya.


Come on in